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©2016 marazulmalaga

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martes, 3 de febrero de 2015

nº623... perdóname si hoy busco en la arena...



Amaneció el día cubierto de niebla, cubierto de pena. Lloraba el cielo y humedecía el asfalto de las solitarias calles.
El gris plomizo inundaba la ciudad, el mar se estrellaba contra las rocas levantando blanca espuma apenas visible desde la playa.
El faro lanzaba su monótono aviso, rompiendo el silencio, para llegar hasta los barcos perdidos que se acercaban, peligrosamente, hacia la costa. -Él recordaba... de sus ojos cansados brotaron lágrimas que surcaron las mejillas. Una tarde volvió, al descubrir que sus cabellos comenzaban a platear y encontrarse delante del espejo unos ojos cansados vacíos y añorantes, sintió la necesidad apremiante de regresar.
Volvió solo, sin apenas equipaje, sin hacer ruido. Vacía el alma y el corazón cargado de pena. Transcurrían los días apacibles. Paseaba por la playa cada atardecer, viendo ocultarse el sol y llamándola.
El alma se llenó de paz y el corazón dejo de sangrar. Las rosas florecían, los campos vestían de verde, el mar murmuraba en la playa. Tomó arena en sus manos dejándola escapar lentamente por los dedos, granos de oro, gotas de tiempo...
Levanto la vista y la vio. Sus ojos volvieron a encontrarse, renació el amor. Juntaron sus manos fundieron sus cuerpos en un abrazo.
Logró la plenitud tanto tiempo ansiada. Supo qué era la felicidad. Aquel día comenzó a vivir. Y al vivir murió. Y fueron amantes en la eternidad, el sol rojizo del atardecer se abrió para ellos, el mar entonó el himno nupcial. En la arena grabada sus huellas que el agua borró. Al llegar la noche y salir la luna, un camino de plata se abrió. El suave murmullo del viento, las olas al llegar a la playa, las aguas del mar meciéndose formaron la melodía del AMOR ETERNO. Del amor más allá de la vida, del amor en la muerte. De la muerte como vida.
Los amantes se fundieron en la blanca espuma, en el mar negro roto por un camino de plata. El horizonte se acercó a ellos. Una barca de corales les sirvió de lecho. Y así vestidos de agua, adornados de luna con sueños de helecho durmieron el amor eterno.
En el faro, un anciano farero rezando al mar la plegaria rota del corazón cansado, sintió la felicidad de los amantes, mil lanzas traspansado su cuerpo.
Gritó a las estrellas. Sintió la soledad infinita. Lloró en silencio. El alma rota imploró. Un coro de ángeles se llevó al farero. Murió de soledad profunda. Murió por no tener un AMOR ETERNO.

Desde las estrellas, en las noches apacibles de luna llena, escucha la canción de los amantes muertos, sonríe y espera, espera nacer para morir de nuevo.


                                                                                             Chanar